Cirugía estética: Una sociedad libre es una sociedad bella

Por Doug French. (Publicado el 28 de febrero de 2011)

Traducido del inglés,  y publicado en el Mises Daily en Español, por euribe.

El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5064.

La sociedad está construida sobre la división del trabajo. Mientras cooperamos con otros, se permite a todos especializarse en lo que haga mejor. En lugar de gastar horas cada día en tareas que son necesarias pero en que no se nos dan bien, podemos contratar a otros especializados en esas tareas y emplear nuestro tiempo en hacer aquello en lo que somos más eficientes.

Murray Rothbard explica en Man, Economy, and State, “cuanto más se desarrolle una economía del intercambio, más avanzado será el proceso de especialización”. Y así el mundo ha recorrido un largo camino desde que Platón teorizó acerca de la división del trabajo hace 2.400 años. Platón, en palabras de Guido Hülsmann:

Defiende una división del trabajo y da tres razones:

  1. hay diferencias productivas naturales entre los individuos, que hacen que una persona sea mejor sastre, mientras que otra podría ser mejor granjero, etc.;
  2. el ejercicio diario que produce la especialización mejora el trabajo;
  3. muchos trabajos tienen que hacerse en el momento preciso en el tiempo y por tanto requieren una disponibilidad permanente de alguna persona encargada de esta tarea.

Todo esto lleva a un aumento en la productividad y, como escribe el Profesor Hülsmann, “lo hace más bello”.

La belleza es algo de lo que casi todos quieren más. Incluso la gente más guapa se preocupa por lo que califican como una imperfección que ven que les mira en el espejo todos los días. Y aunque hay mucho escrito acerca de que la sanidad no es asequible en Estados Unidos, a los cirujanos plásticos les va muy bien a pesar de la recesión.

Por cierto que a estos doctores les pagan directamente los pacientes. Así que para quienes no hayan estado en una consulta de un cirujano plástico, frente a un médico de cabecera o similar, hay una enorme diferencia. El doctor típico tiene que dedicar preciosos metros cuadrados de su consulta para ficheros y personal trabajando continuamente al teléfono, llamando para reembolsos y preautorizaciones de compañías de seguros o Medicare, porque de ellas recibe su pago. En consecuencia, la típica sala de espera de una consulta médica es estrecha y sucia con revistas usadas de hace meses desperdigadas y el televisor en la esquina muy alto para que los pacientes mayores puedan oírlo.

Los cirujanos plásticos tratan a la gente como si fueran lo que pagan las factures (porque lo son). Las salas de espera en las que he estado con limpias, amplias y tranquilas, a pesar de que no gastas mucho tiempo esperando a médicos sobrecargados como en las consultas de doctores pagados por los seguros.

La especialización ha llevado a los cirujanos plásticos de Nueva York a atender a los diversos grupos étnicos. El negocio está en auge, informa el New York Times, con la cirugía plástica doblándose entre la población latina respecto de la pasada década y triplicándose para los asiáticos de acuerdo con la American Society of Plastic Surgeons.

El Dr. Jeffrey Yager ha triplicado su negocio desde 1997 atendiendo a la población dominicana en Nueva York. Yager habla español y eso puede ayudar a su negocio, pero lo que realmente sabe hacer es dar a las mujeres latinas las curvas que ansían y con las que no nacieron. Así que mientras que en Long Island la mayoría del negocio es eliminar grasa de piernas y nalgas, en Washington Hieghts “es lo contrario: quieren que sus traseros sean respingones y redondos”, dice el anestesista Dr. Holly Berns, que se ocupa de pacientes en toda la ciudad.

“Las latinas nos definimos con nuestros cuerpos”, dice Italia Vigniero, 27, una paciente dominicana del Dr. Yager, al NYT. “Siempre tenemos curvas”, añadiendo. “Mi personalidad no se corresponde con un pecho pequeño”.

“Cuando viene un paciente de algún origen étnico y de cierta edad, sabemos qué es lo que está buscando”, dice el Dr. Kaveh Alizadeh, presidente del Long Island Plastic Surgical Group, que tiene tres clínicas en la ciudad. “Somos una especie de sociólogos aficionados”.

Las mujeres italianas quieren operarse las rodillas, para que les siente mejor las minifaldas, los iraníes quieren operaciones de nariz, los egipcios buscan liftings de cara, las mujeres rusas buscan implantes de pecho, los hombres chinos quieren mayores lóbulos y la operación más buscada por las mujeres asiáticas en la cirugía del doble párpado, al creer que los ojos grandes aumentan la belleza.

Probablemente no haya ningún cirujano plástico en Nueva York, ni en ningún otro lugar, que pueda realizar todas estas operaciones tan bien como los doctores individuales que las realizan un día sí y otro también. Los doctores se especializan para obtener una reputación en el mercado como especialistas en levantar esto o meter aquello, pero también, al realizar cirugías con las que están familiarizados, rebajan la posibilidad de operaciones chapuceras, manteniendo los costes de seguro y responsabilidad tan bajos como sea posible. Asimismo los médicos especializados pueden hacer operaciones más rápida y eficientemente, de nuevo rebajando el coste. Rebajarlos costes hace más asequibles las operaciones, lo que es importante, porque los pacientes cosméticos están pagando por este trabajo de sus propios bolsillos.

Los médicos cosméticos no se especializan necesariamente en las operaciones que demanda la gente de su propia etnia, lo que ilustra la idea de Ludwig von Mises de que la división del trabajo es una influencia unificadora. Estos doctores y sus pacientes son camaradas buscando belleza, sólo un diminuto ejemplo de la división del trabajo haciendo “amigos de los enemigos, paz de la guerra, sociedad de los individuos”.

Platón podría no haber entendido la cirugía cosmética o indudablemente la posibilidad de que la gente de clase trabajadora fuera capaz de permitirse hacer que su imagen se alterara quirúrgicamente. Sin embargo su idea nos garantiza que, en una sociedad libre, el costo de la cirugía cosmética caerá hasta permitir a todos tener el cuerpo y cara que quieran, haciendo a la sociedad libre y bella.

Douglas French es presidente del Mises Institute y autor de Early Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply y Walk Away: The Rise and Fall of the Home-Ownership Myth. Es doctor en economía de la Universidad de Nevada-Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su tribunal de tesis. French enseña en la Mises Academy.

About Rodrigo Betancur

Estudioso de la Escuela Austríaca de Economia
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